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Violaciones
a los Derechos Humanos en la prisión
Moscú.
Santiago de Cuba, 5 de febrero, 2005 (Guillermo Espinosa
Rodríguez PCRO/APLO) Desde la prisión Moscú, en el Municipio
Contramaestre, en esta provincia de Santiago de Cuba, nos llegan
las denuncias de las violaciones de los derechos humanos de que
son objetos los reclusos allí confinados, testimoniadas por los
propios presos.
DENUNCIAS
Prisión de mínima severidad “Moscú” Enero 21 del 2005
Yo Osvaldo Dussú Medina, prisionero político y de conciencia
denuncio ante la opinión pública internacional, la Comisión de
Derechos Humanos, la Unión Europea, Médicos sin Fronteras,
que
el recluso Rigoberto Hechavarría Vázquez, el día 11 de enero
fue
intervenido quirúrgicamente en el cuello, en el hospital Pantoja
de este municipio Contramaestre.
El recluso fue trasladado hacia el penal, aunque la sutura fue
de 14 puntos y en cuya enfermería, según las enfermeras Elaine
Fajardo Peña y Onni Barzaga Tamayo no hay apósitos, gasa,
alcohol, ningún tipo de desinfectante y calmante para el dolor.
El prisionero Alexander Castillo Sánchez padece de diabetes e
hipertensión
arterial, haciendo hipoglicemias frecuentes, no tiene
medicamentos y cuando les pide a los custodios que lo conduzcan
a la enfermería, siempre se lo niegan, lo que lo pone en un
verdadero riesgo para su vida.
El Director de la Prisión Moscú, Capitán
Obell
Matos Aroche es responsable por la mala alimentación a que nos
tiene sometido, con un poquito de arroz blanco de pésima calidad
y cocción, un potaje de
frijol
blanco, ambos sin ingredientes ni grasa. La misma comida para el
almuerzo, como para la cena y se repite lo mismo días tras días
y cuando varía, es por otra peor.
Los 224 presos que trabajan en la agricultura son sometidos a
intensas jornadas de trabajo, bajo la inclemencia del tiempo,
desde un agobiante sol, hasta bajas temperaturas o lluvias, sin
nada que lo proteja. Comienzan a recoger tomate, sembrar lechuga
o chapeando malezas, desde las 6 de la mañana hasta que se hace
de noche. La paga que le hacen es irrisoria, lo que lo convierte
en un trabajo esclavo, porque le descuentan desde la comida,
hasta lo más
mínimo que consuman y no le permiten entrar para el campamento
nada que puedan conseguir por fuera, aunque sea un pedazo de
pan.
Durante las visitas familiares, las requisas son extremas, las
jabas con alimentos son minuciosamente revisadas y los productos
que puedan ser cocinados por los reclusos, como harina de trigo
o maíz, son decomisados. Todas estas medidas represivas son
impuestas por el Capitán Obell Matos Aroche, el Jefe de Orden
Intereior Capitán Orbeli Galán y el Jefe de Reeducación Penal,
Capitán Eduardo Aguilar. |
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