Fruto y víctimas de la “revolución”
Guillermo Espinosa
Periodista Independiente
gespinosa1966@yahoo.es
Santiago de Cuba, 19
de septiembre -(www.aplopress.com)
Las calles, los muros, aceras y balcones de nuestra ciudad, muestran
como trofeos, los esqueletos vivientes de una generación que se nos
va. Muchos que dieron su juventud por la revolución y ahora al
final de sus vidas, se dan cuenta que todo fue un engaño, pero ya no
hay marcha atrás. Ni siquiera las llamadas “conquistas alcanzadas
por la revolución” van quedando. Todo ha sido como una larga
pesadilla, para al final despertar en el mismo punto de partida.
Muchas de estas personas con más de 70 años de edad, cansadas por el
sacrificio inútil han perdido toda esperanza, pero no han perdido la
menoría. Ellos soben que con su esfuerzo y riesgos llevaron a
Castro a la victoria de la revolución, cumplieron misiones
internacionalistas en diferentes países donde Cuba llevó su guerra
de conquista ideológica y participaron en caprichosas movilizaciones
militares y a la agricultura. Todo para satisfacer el ego personal
de un caudillo ambicioso y prepotente.
Nuestros ancianos son
fruto y víctima de una generación fallida. No dejan ningún
patrimonio como herencia a sus descendientes. La pensión producto de
la política salarial y laboral del gobierno es inferior a los ochos
CUC, alrededor de 10 dólares mensuales, que no cubren lo más
indispensable de su canasta básica.
Los cigarros vendidos por
una cuota de la tarjeta de racionamiento siempre fueron su tabla de
salvación. Los cigarros vendidos al menudeo, le aportaban una
ganancia de 9.50 pesos MN por cajetilla, o sea, 36.00 pesos MN al
mes por persona, con derecho a la cuota dentro del núcleo familiar.
Esta comercialización
informal le permitía a muchas familias sufragar diferentes gastos
como la electricidad, medicinas (En Cuba todos los medicamentos
indicados fuera de hospitalización hay que pagarlos) agua, etc. Por
tanto se percibía como una compensación económica.
La medida de eliminar la
cuota de cigarros a precios diferenciados por la libreta de
abastecimiento, más el anuncio de despidos masivos, que afectará sin
duda a un sinnúmero de hogares cubanos, tiene a nuestros ancianos
en un total desespero y la ansiedad está quebrantando su
deteriorada salud y su credibilidad en la llamada revolución
socialista.
José y Catalina, dicen que
no va a hacer más la guardia del CDR, a sus 82 y 76 años
respectivamente, solamente estarán vigilantes de lo que llega a la
placita y del atol que le dan a los ancianos, para que no se lo
extravíe la bodeguera. “Esto de los cigarros me ha hecho un tremendo
hueco en el bolsillo” dice José.
José y Catalina ven como
hasta ellos mismos van desapareciendo con el tiempo, ya no se
escuchan las eufóricas conversaciones en la cola de las bodegas y
sus diplomas y condecoraciones, junto al uniforme de miliciano, se
encuentran en el baúl de los recuerdos.