PERIODISMO DE LA REALIDAD CUBANA EN LA ZONA ORIENTAL


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                                         El carnaval de la tristeza
 

 



(Foto cortesía de The Reall Cuba)

SANTIAGO DE CUBA, 25 de julio (Yolireidi Herrera/APLO) El tradicional carnaval santiaguero este año ha sido bautizado, como el carnaval de la tristeza. Las calles están prácticamente vacías y las personas deambulan como zombis, como si les faltara la voluntad para expresar lo que llevan por dentro.

Los atuendos principales de estas fiestas populares son las bebidas alcohólicas y la música. Las bebidas no tienen precios populares, y este año se le volvió a subir el precio. La cerveza conocida como dispensada, o sea, la que se distribuye en pequeños recipientes comprimidos, tiene un recio de 6 pesos el vaso desechable de 6 onzas. La cerveza embotellada tiene un precio de 6 pesos la unidad, pero a penas se consigue, pues la gran mayoría es desviada hacia el mercado negro.

La música es otro de los grandes problemas, los carnavales santiagueros siempre fueron amenizados con las orquestas y agrupaciones nacionales. Este año solo se han visto grupos locales. El éxodo hacia el extranjero de los mejores intérpretes de la música popular cubana, nos han dejado prácticamente huérfanos de la alegría.

La comida es un desastre. Las regulaciones sobre la venta han sido terribles, no se puede vender nada que contenga mayonesa casera, ni productos del mar o carnes prohibidas como la de res, caballo y hasta la de pollo, porque no es posible justificar su procedencia. Los establecimientos estatales a penas tienen que ofertar, pero cuando lo hacen, una cajita de cartón con una ración de arroz congris y una posta, como de dos onzas, de pollo $ 6.60 MN. Los cuentapropistas (comerciantes privados) venden el plato generalmente a 20 pesos cubanos, pero la calidad y la cantidad es muy superior a la que vende al Estado. El plato puede contener arroz congris, diferentes tipos de viandas, ensalada de vegetales y la correspondiente carne. Durante el día venden pizzas y bocaditos de puerco asado, pero son prácticamente un robo, apenas se puede ver la carne en el minúsculo pan que las ofertan.

A pesar del desánimo popular, el despliegue policial ha sido sobre dimensionado. El menor disturbio es reprimido de inmediato con violencia, incluso durante las congas se han utilizado gases asfixiantes, las tradicionales Tonfas y hasta los llamados Trucutús, (unos trozos de madera rústica) preparados para terminar a trancazo limpio cualquier insubordinación popular.

Las autoridades manifiestan que todo se debe a la falta de recursos, pero la gran mayoría de la población que se manifiesta al respecto, dice que era mejor no lo hubiesen dado, que el pueblo no se merece que le vendan esa cerveza que es puro vinagre y además a unos precios tan elevados. También se quejan de la comida y los recios, porque en los carnavales muchas veces la población mitiga sus ansias de consumir una comida más digna.