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RECUERDOS Y REFLEXIONES. Veinte años son dos décadas; décadas de muchos días; días de muchas horas que, en esa relatividad humana del tiempo para los que están en las cárceles castristas las horas parecen extenderse más de 60 minutos. Allí se nos limita sueño, las esperanzas y hasta la vida misma. Los presos políticos justifican el execrable trabajo de la Policía Política Cubana (Seguridad del Estado) que de manera bastante habitual utiliza a cobardes y asesinos para tratar de intimidarlos. En una de esas cárceles, en Santiago de Cuba, conocí de primera mano la nueva esclavitud, el criminal castrismo: un centenar de hombres hacinados en un espacio reducido, con un agujero en el suelo donde depositar nuestros deshechos, entre cucarachas, ratones y fetidez de todo tipo; y el peor olor de todos, el más singular, el que emanan los seres humanos encarcelados por delitos políticos: el olor del estrés y catecolaminas, tan similar al que expele la cebolla.
Entre esos barrotes, recuerdo a un joven santiaguero: Francisco
Herodes Díaz Hechemendía, condenado de manera arbitraria a 20
años de encierro, marcado como hacían los nazis con los judíos
con el símbolo de CR- contrarrevolucionario- (práctica copiada
de los comunistas de Lenin, con lo cual el Castro del Caribe no
ha sido auténtico ni original, ni para reprimir a los opositores)
Han pasado cerca de 17 años nuevos desde que tuve estas
vivencias, y otras que siguen en mi memoria. Ya Pachi no está
entre nosotros, pero Hechemendia sigue encarcelado en la
terrible cárcel de Boniato, en Santiago de Cuba. Hoy María Elena Morejón con toda justicia lo recuerda en www.movimientopopularcubano.blogspot.com Y estos pequeños gestos como gotas de lluvia, forman el aguacero que no pueden acallar nuestros carceleros; esta lluvia permite un brote de esperanza en cada minuto de sufrimiento de nuestros Hechemendías, porque son muchos y tantos que pocos quieren escuchar sus nombres o historias.
Son nuestros compatriotas, son parte de ese pueblo que nos
identifica como cubanos, y son torturados por una camarilla de
asesinos encabezada por los Castro. Hoy día sus cachorros se
preparan para seguir la continuación de la dictadura, y mientras
algunos de nosotros, escondidos tras la máscara de la mentira y
el fingir, callamos o miramos hacia otro lado. ¿Alguien nos
tiene que recordar que los primeros que debemos reclamar
nuestros derechos y nuestra libertad somos nosotros mismos? Es
imposible ser libre si no se opta por esa condición, es
imposible ser decente si olvidamos a los Hechemendía. |